Este relato lo leí hace tiempo en un foro, no se quien es su autor, pero me llegó bastante, sobretodo por lo identificado que me pude llegara sentir. Espero que os guste, ahí os lo dejo:
Una vez oí, creo que de un poeta, que primero llega el amor y después las palabras. Siempre había creído eso, y cada día creo más en ello.
Son las diez y media de la noche y estoy deseando llegar a casa lo antes posible. Me espera un viaje de ocho horas de tren en una cabina de clase preferente. Mientras espero a ponernos en marcha veo como ella se acerca a mi puesto mirando la numeración de los asientos. Rezo a Dios para que se siente cerca de mí, y parece que por primera vez en mi vida me ha escuchado. Se sienta enfrente mio y, tras mirarme, gira la cabeza mirando fijamente el cristal que da al interior del vagón dejando la mirada fija, pero perdida. Yo fuí tan estúpido que no giré la cabeza.
Esa chica era, a falta de una palabra mejor, perfecta. Su cara era de las más hermosas que he visto y su cuerpo era pequeño pero igual de perfecto que su cara, era el tipo de cuerpo que siempre me ha gustado. Oigo una melodía sonar, es su móvil. La oigo hablar, no habla nuestro idioma y no entiendo una palabra de lo que dice pero tiene una voz dulce y tímida. Esconde el móvil con la cabeza baja y, por un instante, me vuelve a mirar con sus preciosos ojos. Se le ve una chica tímida y, que casualidad, me gustan así.
Consigo apartar la mirada, no quiero ser grosero o parecer un loco. Pero me doy cuenta de que quiero seguir observando los detalles de su rostro porque no era algo habitual, porque era libre de hacerlo y sobretodo porque el cuerpo me pedía que lo hiciese. Así que la vuelvo a mirar, sigue con la mirada fija en el cristal con una expresión tensa, moviendo los ojos rapidamente y de vez en cuando desvía la mirada para observar si la estoy mirando. No se que lo provoca, siempre ha sido así, pero siempre que una chica se da cuenta de que la estoy mirando se pone nerviosa. Normalmente en las peliculas, cuando dos personas se atraen y empieza lo que podria llamarse un juego de miradas, la chica suele mostrarse algo más receptiva. En mi caso nunca ha sido así. Hay quien achaca esto a la rara naturaleza del color de mis ojos. Eso, o yo no le producía atracción y prefiriese mirar a un punto muerto en vez de a mí, que es lo más probable. Suelo pensar en la atracción humana, en como nos relacionamos y en como actuamos y, si he de ser sincero, algo que había extraído de tanto pensar sobre ello me decía que la atracción era mutua. Estuvimos así durante un largo rato, y cada vez era más evidente, aunque ella seguía desviando la mirada constantemente al vacío. Sus gestos nerviosos, su forma de bajar la cabeza y su forma insegura de mirarme me vuelven loco.
Intenta acomodarse para dormir, usa la mano izquierda a modo de apoyo. Supe que, o almenos quería que fuese así aunque suene extraño, ella se había puesto en esa postura para taparse la cara, porque se sentía incómoda de alguna manera. Sabía que no era zurda porque la ví usando el móvil. Ahora consigo apartar la mirada de ella de vez en cuando, pero cuando lo hago vuelvo a sentir la necesidad de mirarla otra vez. Y de repente me doy cuenta, tiene los dedos entreabiertos, y me está mirando. De nuevo observo sus ojos y ella se vuelve a girar, esta vez, en una postura que sí le resultaba cómoda, apoyandose sobre su brazo derecho y cerrando los ojos. Es increíble, la veo dormir y la encuentra aún más guapa.
Aún no sé como vino a mí, no se como surgió este sentimiento, pero está ahí. La miro, me resulta increíble hasta su respiración, y vuelvo a fijarme otra vez en su cabello y en su hermoso rostro. Y, desde hace demasiado tiempo ya, vuelvo a sentir la presión del amor en mi pecho. Es algo totalmente irracional, no entendemos como es posible algo así, lo sentimos de forma tan apasionada pero tan repentina que nos preguntamos si lo que realmente sentimos es amor, porque no es algo que quepa en nuestras mentes modernas que funcionan según las leyes de la lógica. Pero cuando ocurre descubro, como si fuera una revelación divina, que el amor no necesita justificación alguna.
Se que esto no es más que una mediocre simplificación de los echos y que no os podeis hacer ni una mínima idea de como me sentí entonces, pero si que podreis pensar que estoy loco cuando os diga que no me atreví a decirle nada. Me pasé las ocho horas de trayecto mirandola y pensando. De vez en cuando se iba despertentando, y tube demasiadas oportunidades para hablar con ella. Pero no lo hice.
Pasaron las horas y ella se despertó. Seguí mirandola, y ella siguió mirando a la nada. Aunque de vez en cuando, esta vez, me miraba a los ojos durante unos segundos. Para mí esos fueron unos segundos de una felicidad que ya había olvidado. Pero ese sentímiento no tardaría en desaparecer, pues lo inevitable pasó. No podía durar eternamente, y llegamos a su parada. Veo como se levanta y rezo a Dios para que pare el tiempo, pero no lo hace. Ojalá pudiera hacerlo yo mismo como en la película CashBack. Ojalá pudiera parar el tiempo para observarla una semana entera y pensar en como voy a solucionar esto. Olvidé mencionar que habían dos personas más en la cabina. Pero tranquilos, no estaban en su campo visual y esto no podría ser una confusión. Observo como se va ha ir, sale de la cabina apresuradamente, pero se vuelve para mirarme y, por desgracia, despedirse únicamente de mí, haciendome sentir aún más cobarde de lo que ya me sentía.
Lo que trato de deciros es que esto no es un pelicula, no podeis parar el tiempo para observarla una semana hasta que os canseis de ella. Quien sabe, tal vez esa chica podría haber sido la madre de mis hijos, y no me interpreteis mal. No digo que tuviera pensado que lo fuera, digo que podría haberlo sido. Era la mujer perfecta y, como suelo hacer, dejo las cosas porque me da la impresión de que tengo tiempo. La verdad es que no lo tenemos, la vida es demasiado corta. Nos obsesiona dividir el tiempo en pasado, presente y futuro; pero la verdad es que vivimos en un presente eterno. Lo dijo Nietzsche, nos hemos de mantener fieles a la tierra, fieles a nuestro tiempo. Pero la verdad, es que ese no es el motivo auténtico por el cual actué así. No hice lo que tenía que hacer porque soy tímido, inseguro y posiblemente el hombre más mediocre que existe en este mundo. Y ahora me arrepiento de todo eso. A veces nos empeñamos en cerrar nuestro corazón a los demás tanto tiempo que cuando queremos abrirlo ya es demasiado tarde.
Arrepentirse por algo que se ha hecho es inevitable, pero espero no tener que arrepentirme nunca más de algo que no tuve el valor de hacer, y espero que vosotros tampoco tengais que hacerlo. Siempre he deseado para mí y para el resto del mundo el coraje suficiente para poder seguir los dictámenes de nuestro corazón porque, de alguna manera que no comprendemos del todo, ya sabemos lo que queremos.
Gracias por darme la oportunidad de abrir mi corazón. Hasta otra.
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“Ella era tímida. Bajaba la cabeza para darle a él la oportunidad de acercarse, pero él no podía por falta de coraje. Ella da la vuelta, y se va.“
-In the mood for love (Deseando amar)