Salte la navegación

Resultaba casi imposible caminar a lo largo de las calles de la ciudad, que estaban excesivamente transitadas por todo tipo de comerciantes, artesanos, corsarios e incluso algún que otro ratero llenándose los bolsillos.
De camino al puerto, las adoquinadas calles me llevaron hasta una enorme plaza redonda en cuyo centro se alzaba una estatua de unos cinco metros, que representaba a un guerrero con armadura pesada y un mandoble alzado sobre su cabeza. La obsidiana de la que estaba hecha brillaba bajo el sol de la mañana, dándole a la estatua una solemnidad y magnanimidad inigualables. Bajo la estatua había una placa en la que se podía leer la inscripción: “Tullaris, Gran Siervo de Khaine y Capitán de los Verdugos”. Miré hacia arriba para observar durante unos segundos la cara de esa representación de Tullaris y me prometí que lo que primero que haría en cuanto fuera Capitán de la Guardia Negra sería ordenar que tallaran una escultura superior a esta en la que quedara constancia de mi victoria frente a mis enemigos, mis compañeros.
Mis ambiciones fueron interrumpidas cuando algo me empujó en el hombro. Giré la cabeza enfurecido y vi como una columna de esclavos pasaban a mi lado, siguiendo a un esclavista que se encontraba ya casi fuera de la plaza. No iba a dejar que uno de esos indeseables me tocara y saliera impune.
-¡Eh!¡Procura que tu mercancía mire por donde va!¡Prefiero limpiar la mierda de mi gélido antes oler a uno de estos!- Le grité al esclavista. Este se giró y pude verle la cara. Tenía la mitad del cráneo rápado y en la otra mitad lucía una grasienta melena de pelo gris. Su calva estaba cruzada por la tira de un parche que le tapaba el ojo izquierdo y las arrugas y cicatrices hacían que fuera difícil encontrarle una forma definida a las facciones de su rostro.
-¡Quítate tú de en medio, proyecto de elfo!¡Tengo que llevar el género a Nhallys!¡No quiero volver a comerme su bota, si tienes quejas, ya sabes a quién acudir!- contesto el desgraciado esclavista. Había oído hablar de Nhallys, era toda una leyenda dentro de los corsarios, se decía que su crueldad no tiene límites y que incluso llegó a vender a su madre como esclava cuando esta se negó a prepararle sopa de garrapato, su plato favorito.
-¿Nhallys has dicho?- dije cuando me encontré a la altura del esclavista.-¿Hacia dónde se dirige?
-¡Y yo que sé!-respondió con brusquedad- Yo me limito a transportar y vender esclavos, no a trazar rutas de navegación. Sin embargo, dentro de unas semanas se llevará a cabo un torneo en Karond Kar. Nhallys nunca ha perdido una competición de tortura, seguramente no quiera perderse esta.- El esclavista había dicho la palabra clave, Karond Kar. Necesitaba un barco que fuera hacia allí asi que no dudé en acompañarle.
-¿Estás seguro de que quieres viajar con Nhallys?-dijo el esclavista mientras caminábamos hacia allí.-Ten cuidado con Nhallys, su crueldad es inigualable, si le enfadas, podría cortarte el brazo por el codo y coserte la mano al muñón, como hizo con su hermano cuando intentó robarle un colgante.
-Sí, algo he oído… -contesté sin dejar ver que ardía en curiosidad y admiración cada vez que escuchaba todas esas historias, a pesar de que sabía que yo había nacido para la guerra, no para la tortura y el pillaje.-…no te preocupes, viejo, soy más duro de lo que aparento, esas historias no sirven más que para asustar a los niños en la Noche de Brujas.
-Ya, ya…no te las creas si no quieres, pero te aseguro que mi ojo ha sido testigo de cosas peores.
Continuamos caminando por las calles de Har Ganeth, en silencio la mayor parte del tiempo, salvo cuando el esclavista lanzaba órdenes a los corsarios que guiaban a los esclavos. El puerto se encontraba al otro lado de la ciudad así que tuvimos que caminar durante un par de horas, esquivando ciudadanos y otras columnas de esclavos. Pasamos por varios mercados, donde se comerciaba con todo tipo de productos. Los puestos estaban colocados directamente en el suelo, sobre una manta y algunos contaban con un toldo de red donde se colgaban diversas mercancias, desde carne o pescado, hasta cabezas reducidas, orejas y ojos de todas las razas y demás materiales mágicos. A mi nariz llegaba todo un elenco de olores diferentes, procedentes de los aliños, las especias o los perfumes de los extravagantes comerciantes y las prostitutas.
El esclavista se detuvo en varios puestos para comprar provisiones para el viaje mientras sus corsarios tonteaban con las prostitutas. Al final compró varias carrozas de carne, pescado, verduras y demás alimentos, además de otra cargada con saetas de ballesta y frascos de veneno negro, a cambio de unas cuantas decenas de esclavos.
-Deberíais imponer más disciplina en vuestros corsarios, no es conveniente que se distraigan de sus labores para comprar “esclavas de una noche”- le recomendé al esclavista.
-¿”Esclavas de una noche” ?-me contestó incrédulo.-¿De qué agujero te has escapado chico?Esas mujeres que han contratado son maestras en el arte del placer, no oses compararlas con esta escoria que he cambiado por carne y verduras. Son un gremio muy extendido y respetado en todo Naggaroth. Si probaras su arte no las volverías a llamar así.- soltó un bufido de desaprobación y continuó caminando.
En ese momento sentí como si no supiera nada sobre la sociedad en la que vivía. Había pasado gran parte de mi vida en Naggarond, estudiando estrategia, el manejo de las armas y las doctrinas de mi Señor Khaine. Sin embargo, mi maestro Kouran siempre decía que el buen guerrero adquiere experiencia en todos los campos, y este no sería una excepción para mi despues de las palabras del esclavista.
-No cabe duda de que son hermosas…comprobaré tus palabras viejo.- le dije después de mis reflexiones.
-Estos chiquillos…¿Pensarán antes de hablar?-contestó con otro bufido.
No era tan joven, o al menos en esos momentos yo no me veía joven. El año anterior había alcanzado la mayoría de edad y había obtenido una gran experiencia en pequeñas escaramuzas en las islas al norte de Ulthuan. No era ningún chiquillo y no me gustaba nada que me llamara así, sin embargo, contuve mi rabia. En circunstancias normales le habría cortado la lengua, pero ahora estaba en clara inferioridad y no me hubiese gustado empezar con mal pie con Nhallys.

Por fin llegamos al puerto. A un lado se encontraban unos almacenes de gran tamaño donde se descargaban las mercancías y al otro estaba el mar, con grandes embarcaderos donde reposaban barcos de todo tipo, la mayoría con los cascos de ébano y velas negras. Las incursiones se realizaban de noche y era de vital importancia no ser descubiertos hasta por lo menos el desembarco.
-Ya era hora Jhozen.-dijo un corsario a bordo del barco atracado en el embarcadero número tres. En ese momento me di cuenta de que no sabía el nombre del esclavista.-Nhallys necesita sus esclavos para ayer, quiere llegar cuanto antes a Karond Kar para el torneo.-el viejo no se equivocaba, este era mi barco.
-No creo que se enfade tanto cuanto le presente a este jovenzuelo, tiene toda la pinta de poder pagar un viaje de lujo.- su carcajada sonó como si algo en su interior estuviese roto.-Llévale a ver a Nhallys, tienen que hablar.
Atravesamos la cubierta del barco hasta llegar al camarote del capitán, al que se accedía a través de unas escaleras descendentes. La puerta del camarote no tenía ningún tipo de adorno, a no ser que se consideraran como tal los bordes astillados y los cortes por toda su extensión.
-¡Nhallys!¡Jhozen te trae un regalito!- dijo el corsario que me acompañaba mientras daba unos golpes en la puerta. Al pasar unos segundos, esta se abrió ligeramente y el corsario me hizo un gesto para que pasase.
La estancia estaba oscura a pesar de ser mediodía. Las ventanas estaban tan completamente cubiertas de suciedad que apenas dejaban pasar la luz, así que lo único que iluminaba el camarote era una vela situada en el escritorio. La vela iluminaba parcialmente una figura que andaba de espaldas a mí, en dirección a la mesa, seguramente después de haber abierto la puerta. Los destellos de la pequeña llama solo me dejaban vislumbrar que dicha figura vestía la típica capa de dragón marino que llevan los corsarios, por lo que no pude distinguir nada de su fisionomía. Una vez se hubo sentado en su sillón, me cuadré enfrente del escritorio que nos separaba y pronuncié:
-Elros Draksoul, Maestro de la Guardia Negra y futuro Capitán de la misma.-alargue la mano para estrechársela.-Un placer conocerle Capitán Nhallys.
En ese momento, Nhallys cogió mi mano y acercó la cara a ella. Por fin la vela le iluminaba el rostro, uno de los rostros más hermosos que yo había visto nunca en una elfa oscura. Al ver que se trataba de una mujer, no pude evitar sorprenderme e incluso dar un leve saltito hacia atrás. Finalmente, Nhallys me dio un beso en la mano como si yo fuera una señorita y me dijo:
-Nhallys Stormwave, Capitana-puso un notable énfasis en la última “a” de la palabra-de la Ala de Tormenta.
-Lamento la confusión, Capitana, no me lo esperaba, se oyen muchas historias sobre…
-¿Sobre como despellejé a mi padre para hacerme un abrigo o cómo arrojé por la borda a mi hermana mayor por usar dicho abrigo?-soltó una carcajada- Debo ser la oveja negra de mi familia…¿Te sorprende que una mujer haga esas cosas, chico?.
-No quería decir eso. Yo…
-Ya, ya…los hombres nunca decís lo que queréis…ahora deja de hacerme perder mi tiempo y dime para qué has venido a verme
-Verá, necesito viajar a Karond Kar lo antes posible y Jhozen me comentó que posiblemente se dirigiera hacia allí.
-Entiendo, ¿Y cómo me piensas pagar, chico? Si fueras un poco mayor te dejaría que me pagases con placer, pero actualmente no sería un trato justo, tu sacarías mucho más que yo-volvió a reirse, esta vez con cierta picardía.
-Pon un precio- dije finalmente- cualquiera que sea, podré pagarlo.
Me miró de arriba abajo varias veces y luego frunció el ceño:
-A ver, déjame ver ese puñal- dijo señalandome al cinto. Lo desenvainé y se lo di por el mango. Lo observó durante largo rato, desde todos los ángulos, e incluso lanzó unas cuantas estocadas.
-¿Te sirve como pago?- dije para romper el silencio.
-¿Esto? No digas tonterías, lo que pasa es que me gusta la artesanía de Thanok, y se nota que es de Thanok.
-¿Thanok?Es la primera vez que oigo ese nombre.
-Pues ya me dirás cómo has conseguido esta pequeña joya-dijo con rostro inquisidor mientras se pinchaba levemente un dedo con la punta del puñal-Este tipo de artesanía es cara, a pesar de venir de donde viene.
Empezaba a ponerme nervioso, no me apetecía relatar cómo habían intentado asesinarme la noche anterior, tal vez si sabía que intentaban acabar conmigo no me dejase viajar con ella, además, notaba ya un dolor intenso en los talones, llevaba toda la mañana en pie, andando hacia el puerto y durante toda la conversación, Nhallys no había tenido el detalle de ofrecerme un asiento. Quería saber el precio lo antes posible.
-Digamos que hay cosas que se consiguen sin pagar…como un viaje a Karond Kar, ¿no te parece?.
Pareció recordar súbitamente el tema principal de la conversación, tal y como mostraba su rostro, entre confundido y sorprendido. Me devolvió el puñal y se recostó en el sillón, apoyando los pies sobre la mesa.
-No te adelantes, chico, que no me olvido de lo tuyo…dentro de una hora estará preparado el almuerzo, ¿Qué te parece si lo discutimos entonces? Ahora tengo que hacer inventario de esclavos y provisiones, así que se me va la cabeza a otros pensamientos. Vuelve dentro de una hora.
Me acompañó a la cubierta, donde Jhozen seguía pasando lista a los esclavos y hablando con los corsarios. Me acerqué a él y le pregunté:
-¿Sabes dónde puedo encontrar a Thanok?
-¿Thanok?¿Y para que lo quiere saber el principito?
-Eso no te incumbe, simplemente responde- me estaba empezando a hartar de las bromitas sobre mi edad y de ocultar mi temperamento.
-Tranquilo hombre…solo era curiosidad- rió-esa escoria trabaja en la forja del Templo de Khaine, sigue caminando hacia allí y no tardarás en encontrarlo, no tiene pérdida-dijo señalándome la dirección.
Sin mediar palabra, me puse en camino. Pensé que tal vez si conocía el origen del puñal, podría saber también qué otros infelices podrían intentar atacarme, además de que todo parecía cuadrar, pues Wolfang iba vestido de asesino, un atuendo que solo se consigue en el Templo de Khaine, lugar dónde también consiguió el puñal. Esto no me olía nada bien, ¿tendrían algo en mi contra las esposas de Khaine?
No tardé en llegar al templo. Las puertas estaban flanqueadas por estatuas de jade y oro que representaban a Khaine con un corazón ensangrentado en una mano y un puñal en la otra. Las puertas del templo eran un enorme arco ojival de madera y oro que se encontraban abiertas a cualquiera que quisiera visitarlo. Una vez dentro, las únicas estancias a las que se podía acceder eran la forja, la sala de oración y la sala de sacrificios.
Una vez en la forja, observé que era lo que menos se parecía a un edificio de mi cultura. El techo era bajo, las pareces de piedra irregular y no tenía ningún tipo de adorno. Esta sala parecía que no pertenecía al mismo templo, probablemente fuera añadida recientemente. Detrás de una pequeña mesa encontré a un enano, que golpeaba con el martillo una herradura en el yunque.
-¿Eres Thanok?
-Sí
-¿Y eres un enano?-dije entre risas, esto sí era insólito.
-¿Se me nota mucho?Tendré que mejorar mi disfraz.-a pesar de la broma, siguió aporreando la herradura, fue entonces cuando me percaté de que todavía llevaba grilletes.
-Cuida tus palabras, un esclavo no puede tomarse tantas libertades.
Thanok dejó su martillo suavemente en el yunque y añadió:
-Desde luego debes tener estudios, yo nunca me había percatado de que un esclavo no se puede tomar libertades.
No iba a soportar que esa escoria me tomase más el pelo, desenvainé el puñal y lo clavé en la mesa para luego añadir:
-¡Silencio escoria, si no quieres que acorte tu estatura por debajo!.-el enano lanzó un suspiro y respondió-Me temo que Nhallys ya se encargó de cortar mis “vias de escape” cuando me capturó.-dicho esto, se recostó en su silla y apoyó las piernas en la mesa, dejando ver que donde antes deberían de estar unos pies gruesos y llenos de callos, ahora solo había un par de muñones llenos de suciedad.
-Por otro lado, sería curioso que acabases con mi vida empleando una de mis creaciones…justicia poética, supongo…¿Cómo lo conseguiste?No recuerdo haberte construido nada.-añadió Thanok mirando al puñal clavado en la mesa.
-Aquí las preguntas las hago yo, esclavo.-respondí, ultimamente no paraba de fracasar en cualquier encuentro verbal que tuviera, primero Jhozen, luego Nhallys…no iba a permitir que un simple esclavo me dejará mal.-¿Qué hace un enano en una forja como esta?Normalmente las Brujas sacrifican a todos los esclavos que reciben en el Templo, sin duda eres un enano afortunado.
-Cuando Nhallys me capturó en el Imperio, se llevó también buena parte de la mercancía que había llevado allí para comerciar. Esa mujer tiene buen ojo para estas cosas, supo enseguida que no encontraría nunca un herrero mejor que yo y convenció a las Brujas de que me dejasen trabajar.
-¿Y por qué accediste?Hay quienes prefieren la muerte antes que ser esclavizados, sobretodo enanos…
-No soy tan estúpido, aquí tengo todo lo que necesito, comida, un catre donde dormir y una fragua donde forjar, ¿por qué iba a querer morir teniendo todo lo que necesito para vivir?
Este enano no era un enano común desde luego, la mayoría de los enanos que llegaban aquí organizaban revueltas al poco tiempo y acaban muertos…demasiado tozudos para saber lo que les conviene, sin embargo este había aceptado su destino, es más, parecía bastante cómodo con él.
-¿Te suena el nombre de Wolfang?
-Alguna vez lo he oído…las Brujas rara vez me cuentan directamente sus planes pero, si guardo silencio puedo escuchar bastante, muchas veces hablan de todo tipo de cosas aunque yo esté delante, como si fuera sordo.
-Y sobre este tipo en particular…
-Sé que llegó hace poco al Templo y las Brujas le dieron una de mis creaciones y unas ropas muy extrañas. Lo último que he sabido es que ha llegado muerto esta mañana, han vaciado su sangre en el caldero y arrojado su cuerpo a los gélidos para que lo devoraran.
-Interesante…¿dónde puedo encontrar a la Suma Sacerdotisa del Templo?
-Seguramente se encuentre en el Altar de Sacrificios, haciendo lo propio, como todas las mañanas.
Dicho esto, recogí mi puñal y me dispuse a salir de la forja. Al salir, volví a escuchar el sonido del martillo al aporrear sobre el yunque. El enano parecía bastante acostumbrado a las íntrigas en la corte de Elfos Oscuros como para sorprenderse por esto, sin embargo, para mi sí que era una sorpresa. Fueron las Elfas Brujas las que recomendaron esta búsqueda como prueba para nombrar al Capitán y ahora eran las Elfas Brujas las que nos enfrentaban a unos contra otros. ¿Qué pretendían? Supuestamente eran las Arpías quienes tenían que decidir los deseos de Khaine, no ellas.
Con estos pensamientos llegué a la Sala de Sacrificios. Era una sala enorme, sin ningún tipo de ventanal ni vanos por los que entrase la luz. Estaba tenuemente iluminada por lamparas de aceite que se encontraban en una gran cantidad de columnas, decoradas con relieves donde se mostraban los diferentes rituales realizados en la sala. Al fondo se encontraba un gran altar, en cuya superficie había toda una serie de aberturas encargadas de drenar la sangre y llevarla hasta el caldero, situado debajo del altar. Alrededor del altar había tres hermosas elfas, casi desnudas, tapando solo lo justo con finas tiras de seda. Llevaban cintos de cuero de los que colgaban dos puñales muy similares al mío. Las tres Brujas estaban limpiando los restos de sangre del altar, parecía que ya había terminado el sacrificio matinal del que me había hablado Thanok. Al fondo de la sala, otra elfa más apareció en el umbral de una puerta. Iba ataviada con la misma escasa ropa que las otras, solo que no iba descalza, si no que llevaba unos zapatos de tacón, atados con tiras de cuero a lo largo de todas sus piernas hasta llegar al cinto. Además, en su cabeza, sobre la larguisima cabellera negra, llevaba una corona de bronce, con picudas extensiones que se entrelazaban entre sí.
-Saludos, visitante, soy Laharya, Suma Sacerdotisa de este templo, ¿qué te trae bajo el techo de nuestro señor Khaine?-dijo mientras se acercaba a mi, dando pasos lentos, contoneándose sensualmente.
-Soy Elros Draksoul…supongo que ya sabrá quien soy, eso es lo que me trae aquí-al principio su belleza me había hecho tartamudear ligeramente, pero me obligué a recuperar la compostura, no podía empezar con mal pie esta conversación también.
-Por supuesto, anoche nos llegó una carta del propio Malekith anunciando tu llegada a la ciudad y pidiendo toda la hospitalidad posible .
-¿A ti te parece hospitalario tratar de asesinarme?
-¿Perdón?-su cara parecía mostrar una sincera confusión, pero no sabía qué creer, tal vez su belleza me estuviera nublando realmente.
-Anoche precisamente, el cerdo de Wolfang me despertó con un poquito de acero para desayunar.
Laharya lanzó unas cuantas plegarias a Khaine con las manos alzadas y después dijo con una reverencia:
-Lo lamento mucho maestro Draksoul. Wolfang vino hace tres días, nos pidió, con un documento real en la mano, asilo y equipo para una misión a nombre del Rey Brujo…no sabíamos que se tratara de usted.
-Eso no tiene sentido…¿Por qué iba el Rey Brujo a querer matarme? Además…¿Por qué iba a enviar a Wolfang en mi contra mientras os pedia a vosotras hospitalidad para mí?
-Tal vez falsificara los documentos…lo lamento mucho maestro, debí haberme fijado más-estaba ya arrodillada, casi agarrandome de las piernas.
-Levantese- ordené en un tono lo más inexpresivo posible, aunque la verdad es que la bruja me inspiraba demasiada desconfianza, pese al numerito lastimero.-lo hecho, hecho está.
-Pero debe haber algo que pueda hacer para enmendarlo-guardó silencio unos segundos, reflexionando.-Ya sé.-se giró y le dijo a una de las Brujas que limpiaban el altar.-¡Delylah!Tengo un trabajo para ti.
Cuando vino la puse observar mejor, más allá de su vestuario. Su pelo negro le llegaba a media espalda y tenía mechas tintadas de color morado oscuro, a juego con el color de sus ojos. Sus rasgos en general eran afilados y tenía una expresión muy inusual entre los elfos oscuros, una expresión de inocencia. Su belleza era equiparable a la de Nhallys, aunque de forma diferente, la de Nhallys era una belleza cargada de fuerza, vitalidad y picardía, mientras que la de Delylah era más inocente, etérea, hasta tímida.
-Su Majestad nos informó de tu viaje a Karond Kar. Mi regalo para ti será un escolta, Delylah te acompañará en todo momento, para evitar futuros encuentros con sabandijas como Wolfang. Eso sí, te doy también dos consejos. Primero, no te extralimites con Delylah, Khaine es un dios celoso. Segundo, viaja con Nhallys, tiene deudas con este templo que aun no ha saldado, cuando vea a Delylah captará la indirecta.
Una vez que mi nueva compañera cogió su equipaje, que tan solo constaba de una pequeña coraza, varias cantimploras y sus puñales, nos pusimos en marcha. Nuestro primer destino fue la posada donde había pasado la noche, recogí mi equipaje al completo y lo cargué en mi gélido, dispuesto a llevarlo hacia la Ala de Tormenta.
Cuando llegamos, Nhallys empezó a lanzar maldiciones, alegando que no subiría “ese bicho” a su nave, mientras señalaba a Castigo, mi gélido. Sin embargo, al ver a Delylah, su rostro palideció y no le quedó más remedio que acceder, siempre y cuando fuese guardado en la jaula de la bodega.

Zarpamos entrada ya la tarde. Mientras nos alejábamos del puerto, me encontraba en la cubierta, observando como Har Ganeth se iba haciendo más pequeña. En mi cabeza solo había dudas y más dudas. No me fiaba de las Elfas Brujas, su versión de los hechos no se sostenía del todo, además de que mis sentidos habían estado algo nublados durante mi conversación con Laharya, ni siquiera me había planteado negarme a la compañía de Delylah hasta que ya fue demasiado tarde, tal vez tuviera que matarla a ella también si mis sospechas eran ciertas.
Entre estos pensamientos, noté unas manos que me agarraban los hombros y una voz a mi espalda:
-Está algo tenso Maestro Draksoul.-se trataba de Delylah.-¿Quiere que le haga un masaje? Recuerde que estoy aquí para servirle en lo que me pida.
Agarré con fuerza la baranda, repitiendome a mi mismo lo celoso que es Khaine con sus esposas.

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