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Me encontraba bastante mareado, no sabía dónde estaba ni qué hacía allí. Solo distinguía sombras borrosas que se entremezclaban a mi alrededor. Parecía que peleaban entre ellas, unas de un blanco puro e intenso, mientras que las otras eran de una negrura tal que parecían no dejar escapar ni un atisbo de vida de su interior.

Frente a mí apareció una figura, de la cual emanaba una luz cegadora que me hizo retroceder y taparme la cara para protegerme de su pureza. Alzó la mano con el puño cerrado y, al abrirlo, mi armadura, que antes había pertenecido a mi mentor Kouran, se desabrochó al completo y calló al suelo, dejándome practicamente desnudo ante la luz.

La sombra luminosa comenzó a caminar hacia mí pausadamente, aún con la mano en alto. Comencé a retroceder, debido a que la intensa luminosidad que emanaba de ella casi me abrasaba la piel, y tropecé con una de las piezas de mi armadura, cayendo al suelo en un golpe que apenas si emitió ningún sonido. Su blanca mano estaba a punto de apresar mi brazo cuando todas las sombras de oscuridad de a mi alrededor se arremolinaron, formando una masa informe de color negro que parecía tragarse toda divinidad que rodeaba al resto de sombras. La masa se tragó todas las piezas de mi armadura hasta que, cuando por fin las hubo tragado todas, comenzó a tomar forma; una forma humanoide, que casi parecía una copia de mi mismo, ya que todas las piezas de la armadura se le habían colocado en su sitio.

La nueva y enorme sombra golpeó con su puño a la que me estaba apresando y consiguió alejarla varios metros, sin embargo, volvió a levantarse como si nada y se quedó mirándome, espectante. Mi salvadora se dio la vuelta y me miró fijamente. A través del visor de su yelmo solo se distinguía la nada más absoluta, casi mareante. Una voz, muy familiar para mi, surgió del interior del yelmo:-“¿Esto es todo lo que sabes hacer?¿Huir y acobardarte como un esclavo?”- alzó el brazo ligeramente y el guantelete se cerró en un puño amenazador.-“Me avergüenzas…¿de verdad crees que eres merecedor de portarme?Será mejor que despiertes y salves tu pellejo para demostrarme que vales para algo más que para ensillar gélidos”.

Abrí los ojos en la oscuridad de mis aposentos, noté un sudor frío que corría por mi cuerpo y cómo las sábanas se habían quedado pegadas a mi piel. Sin embargo, no tuve tiempo para pensar, ya que pude distinguir un destello de la luz de la luna reflejada en la hoja de un puñal que alguien sostenía sobre mi cuerpo.

El reflejo desapareció y mi cuerpo rodó hacia un lado, cayendo de la cama al tiempo que el afilado puñal rajaba mis sábanas y perforaba mi colchón.
Me levanté lentamente. Notaba cómo la brisa nocturna acariciaba mi cuerpo desnudo y hacía ondear mi espesa melena negra sobre mis hombros. Miré a mi atacante y se me hizo un nudo en la garganta. Iba ataviado únicamente con ropas oscuras, de tonos negros y violáceos y la cara oculta bajo una capucha. Su rasgo más distintivo eran una serie de colgantes, sujetos por finos cordeles, con el símbolo de Khaine, el dios de la sangre. Sin duda se trataba de un asesino, los mejores guerreros de todo nuestro mundo. No podía creer que la Suma Sacerdotisa y las Elfas Brujas se tomasen la molestía de mandar a este guerrero a por mí. Sin duda era más importante de lo que yo creía, la élite debe ser eliminada con la élite.

El asesino no parecía dispuesto a darme un respiro más largo de lo necesario así que volvió a arremeter contra mi con el puñal en alto. Lo esquivé de una manera sospechosamente sencilla, aprovechando para agarrarle el brazo con un trozo de sábana que aún llevaba en la mano y usando el propio impulso de su carrera para arrojarlo por la ventana de mi espalda.

Aquel hombre quedó suspendido en el aire, siendo ese pequeño trozo de fina tela el que lo separaba de una larga caída con estrepitoso final. Con tanto movimiento, la capucha se le había desprendido, así que sujeté la sábana con fuerza para tener la oportunidad de ver su rostro. Se trataba de Wolfang y, por supuesto, no era un asesino, si no un compañero de la Guardia Negra. Su habilidad con las armas no era mejor que la de un lancero de la milicia ciudadana, sin embargo, su poder económico y político era más grande de lo que cualquier Guardia Negro pudiera desear, lo cual explicaba su puesto en el mando de las unidades.

Con el forcejeo, el puñal se le había caído y ahora reposaba junto a mis pies, asi que lo recogí con mi mano libre. Cansado de sujetar a ese deshecho político, le clavé el puñal en el brazo y a la madera, de manera que quedó suspendido en el aire y clavado en el edificio con un puñal desgarrrandole la piel. Apenas hice caso de su desgarrador grito de dolor, ya que me di cuenta de que el puñal era más afilado de lo que pensaba, sin duda un gran trabajo por parte del herrero. Tal era la agudeza de su filo que, combinada con el peso de Wolfang, le estaba desgarrando la carne mientras el caía lentamente. Apoyé un pie sobre el alfeizar de la ventana y lo miré con sorna:-”Solo me gustaría que respondieras a una pregunta, Wolfang…con todo tu poder y tu dinero…¿Por qué no contrataste a un asesino de verdad para liquidarme?. Si en el Templo se sienten generosas quizás solo te pidieran cien sacrificios”.

-”Tu…no vales…..ni diez sacri…ficios”- su voz estaba entrecortada por el dolor y por la sangre que se amontonaba en su garganta.-Además….si quieres…algo….bien hecho….debes…hacerlo…..tu mismo.-.

-”Lo primero, permíteme que lo dude. Y lo segundo”-una irónica sonrisa se dibujó en mi rostro.-”Debes ser la excepción que confirma la regla”.

Finalmente, el puñal terminó de desgarrar la carne de su brazo y cayó al suelo desde los varios pisos de altura que lo separaban de él. Un sonoro crujido me indicó que su cuerpo había llegado a su destino. Cogí el puñal y lo obsevé con detenimiento. A simple vista no parecía muy especial, una empuñadura típica, acabada en punta y unas guardas en forma de S, sin embargo, el filo brillaba ante cualquier destello de luz, como si lo absorbiera y la sangre resbalaba por el como si evitara mancharlo. Sin duda estaba hecho de un mineral de gran calidad y por un experto artesano. Guardé el puñal con el resto de mi equipo y volví a acostarme en la cama.

La brisa nocturna había secado ya el sudor frío que empapaba mi piel escasos minutos antes, cuando desperté de ese enigmático sueño. Por fin tenía tiempo para reflexionar sobre él. ¿A qué se referiría con salvar el pellejo?¿tal vez a ese asesino?¿me había avisado esa enigmática y familiar voz del inminente ataque? ¿Y lo de demostrar mi valía? ¿le valdría con que hubiera eliminado a la alimaña de Wolfang?

Todas estas preguntas rondaban mi cabeza cuando volví a sumergirme en un profundo sueño. A la mañana siguiente, despues de asearme y vestirme con ropas informales, volví a mirar por la ventana. Una muchedumbre se había reunido en torno al cadáver de Wolfang. Sus objetos más valiosos, incluido la mitad de su ropa, habían desaparecido y, sin duda, ahora pertenecían a los primeros en llegar al lugar. Un par de Elfas Brujas atravesaron a la multitud hasta llegar al cadáver y, sin mostrar ningún atisbo de emoción, cogieron el cuerpo entre las dos y se lo llevaron. Ahora su sangre honraría a Khaine.

Salí de la posada y miré a mi alrededor, era la primera vez que visitaba Har Ganeth, la ciudad de los Verdugos, y en la primera noche ya había sufrido un intento de asesinato, así que supuse que mi paso por la ciudad sería rojo, y no precisamente porque fuera un camino de rosas. Ir vestido con mi armadura resultaría contraproducente, ya que llamaría la atención y no podría moverme con velocidad por las estrechas calles de la ciudad. Casi instintivamente, palpé mi nuevo puñal y suspiré:

-”Espero que me seas más útil que a Wolfang”.

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