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“¡No!¡Mal!¡Muy mal! Llevamos horas practicando este movimiento” La voz de Kouran resonaba en todo el patio. Por aquel entonces yo era solo un niño, había pasado treinta años de mi vida en la corte, aprendiendo protocolo y diplomacia. Mi madre se había empeñado en que tenía que aprender a desenvolverme entre las intrigas palaciegas para no acabar muerto antes de haber engendrado algún vástago. Por suerte, en mi cuarenta cumpleaños mi padre,harto de que no aprendiese “nada útil”, tuvo la bondad de regalarme una alabarda. El asta era casi tan alta como dos veces mi altura y la hoja brillaba ante el más mínimo resquicio de luz. Lo que mi padre no tuvo en cuenta a la hora de mandar forjar semejante belleza fue que su peso hacía imposible que un muchachito esmirriado, hijo de la corte, como era yo, pudiera blandirla.
Y por eso estaba en en esa situación. Mi padre, miembro honorífico de la Guardia Negra, era uno de los mejores amigos de Kouran, el capitán de dicha unidad, por lo que este accedió a enseñarme el arte de la guerra. Su método consistía en practicar los movimientos utilizando un asta más pequeña, ajustada a mi altura, con un contrapeso en uno de los extremos, que simulase el peso de la hoja, y un trozo de tela atado al otro extremo. Ese trozo de tela era mi delator, ya que todos los movimientos estaban pensados para que, si los realizaba correctamente, la tela quedase en una posición determinada, mientras que si me equivocaba, quedaría en otra posición, o enrollado a mi brazo o al propio asta.
Al realizar el último movimiento, el trozo de tela había quedado enrollado a mi brazo, lo cual había desatado la ira de Kouran. Llevaba razón, en toda la mañana no me había salido bien la “Destripanubes”, una estocada vertical ascendente especialmente difícil.
-”Mira chico, si quieres lo dejamos por hoy”-la voz de mi maestro sonó calida, a pesar del enfado anterior.
-”Está bien, maestro, el sol del mediodía me está abrasando la piel”-mientras lo decía, acariciaba con una mano uno de mis hombros, enrojecido al pasar tantas horas al sol sin llevar puesta la camisa.
¡Zas!
El latigazo me dio en la mano acariciante, haciendo que lanzase un quejido y la retirase como un acto reflejo.
-”¡Cómo que está bien!”-la voz de Kouran trinó a mi espalda.-”¡Pues no!¡No está bien!¡No llevo años entrenandote para que te rindas tan fácilmente!¿Crees que el enemigo te va a dar algún respiro?”
-”¡No, maestro!”
-”¡Pues coge tu alabarda y realiza la Destripanubes de una vez!”
-”¡Sí, maestro!”
Aquel día no comí. Mi maestro no quería que me abandonase a “los placeres de la vida” mientras no fuera capaz de realizar ese “sencillo” movimiento. Finalmente, a media tarde, abandonamos el patio, sin haber conseguido ninguna mejoría. Casi desfallecido, recibí una lección de estrategia que duró hasta el anochecer. De camino al comedor, donde me esperaba una cena que mi estómago recibiría como si jamás hubiera digerido alimento, Kouran me dijo:
-”Hoy ha sido un día productivo”
-”¿Lo dices por esto?”- dije enseñándole los callos que me habían salido en las manos, a consecuencia del roce de la madera.
-”A parte”-rió Kouran.-”¿No te ha parecido interesante la estratagema del uno contra mil?”
-”Si te soy sincero, no me he enterado de nada en las últimas horas, solo pensaba en el guiso de hígado de gélido que me espera en la cena”
-”Mañana lo lamentarás mientras recibas mi castigo por no saberte la lección”-volvió a reir. Era una persona completamente diferente cuando acababan las clases, cambiaba la dureza del látigo por las risas de un amigo.
-”Como siga asi nunca llegaré a Guardia Negro”-ignoré la broma, no estaba de humor despues de todo un día de fracaso.
-”¿Ah no? Llevas años entrenándote conmigo, te has vuelto mucho más fuerte y has crecido un montón. Tal vez dentro de poco puedas blandir la alabarda que te regaló tu padre”
-”Todo eso está muy bien, pero sigo siendo incapaz de hacer movimientos como la Destripanubes”
-”¿Y qué? Conozco auténticos Guardias que no la hacen mucho mejor que tú..No todo en este mundo es técnica. En la Guardia hay guerreros feroces, grandes estrategas e incluso principitos adinerados. Cada cuál protege a Su Majestad como buenamente puede, ya sea en el campo de batalla, en las planificaciones delante del mapa o en la corte calmando a nobles sublevados”.
-”¿Y qué puedo hacer yo, maestro?”
-”¿Todavía lo dudas? Eres un buen guerrero, tienes valor, astucia y fuerza, no necesitas más. ¿Qué más da que no sepas hacer un movimiento? Tienes otros cien con los que compensarlo. Estoy seguro de que le causarías problemas a más de uno de mis hombres”
Ahora que lo decía, más de una vez me había llevado a ver los entrenamientos de la Guardia y me había hartado de sacarles fallos a sus hombres, a veces hasta pensaba que peleaban mal y que yo podría derrotarles sin mucho esfuerzo.
-”Entonces, ¿Crees que seré miembro de la Guardia?”
-”¿Miembro de la Guardia?Por favor, que te estoy entrenando yo…” Me sujetó por los hombros y me miró fijamente a los ojos.- “Tú…Liderarás la Guardia”

Pasaron los años y finalmente entré en la Guardia. Hacía poco que la flota de Naggaroth había empezado una incursión a Ulthuan, por lo que Kouran tuvo que partir, como Capitán de la Guardia Negra, dejándome a mi al cargo de los Guardias que quedaron en la ciudad de Naggarond.
Aqui es donde comienza mi historia, era una noche sin luna, me encontraba en mis aposentos dando un repaso a uno de los libros de mi maestro cuando alguien llamó a la puerta, sacándome al instante de mi concentración.
Furioso por la interrupción, me levanté y fui a ver quién había sido tan osado como para llevarla a cabo. Al abrir la puerta encontré un Sombra mensajero. No podía creerlo, en sus manos portaba las piezas de la armadura de Kouran. Agarré al sombra por la pechera de su jubón y lo zarandeé con violencia, haciendo que la armadura se le cayese de las manos y formando un gran estropicio en el suelo.
-¡¿Quién ha sido?!¡¿Cómo ha podido ocurrir?!-grité.
El Sombra solo alcanzó a balbucear una serie de sonidos incoherentes, haciendome perder la poca paciencia que me quedaba, asi que le empujé. Chocó contra la pared, haciendo que una de las antorchas se desprendiese de su aplique y cayera sobre su capa.
Con un pie recogí la armadura de mi mentor para que quedase dentro de la habitación cuando cerrase la puerta, mientras escuchaba los gritos de pánico del Sombra, que intentaba apagar el fuego a toda prisa.
Una vez a solas, me dispuse a ordenar la armadura, para poder limpiarle los restos de sangre y hacerla reutilizable. Al coger la coraza, me percaté de que debajo de ella había un sobre, que debio caérsele al Sombra mientras lo zarandeaba. El mensaje del sobre decía:

“Honorable Maestro:
Lamento informarle de que el Gran Kouran,Capitán de la Guardia Negra de Naggaroth y miembro indispensable de los Generales al mando de los ejércitos de la reciente invasión a Ulthuan, ha caído en combate en la última batalla de Anlec.
Es por eso que el Gran Rey Brujo Malekith ha convocado en el mediodía de mañana una reunión de urgencia a la que tendrán que asistir todos y cada uno de los Maestros operativos de Naggarond.
El fin de esta reunión es la de nombrar al nuevo Capitán de la Guardia, encargado de sustituir a Kouran en todas sus funciones de modo vitalicio.
Atentamente
Ellerith,Gran Hechicera de Naggarond “

Al día siguiente, con el sol sobre mi cabeza, puse camino hacia la sala del trono. Me encontraba fatigado, tanto físicamente, ya que no había dormido en toda la noche, como anímicamente, al no saber cómo debía sentirme. Pasé la noche probandome la armadura de mi mentor, efectivamente, me quedaba como un guante y todas las gemas y ornamentos de la armadura brillaban, suponía que por la naturaleza mágica de la armadura. Tambien estuve reflexionando sobre lo que ocurriría en la reunión de hoy, por un lado, estaba entusiasmado, ya que seguramente sería yo el nuevo capitán, al ser el más preparado y discípulo directo del anterior, pero por otro, la muerte de Kouran me producía una profunda tristeza que no sabía explicar en esos momentos.
La Sala del Trono era una estancia alargada, dividida en tres naves por unos enormes pilares de obsidiana que sostenían las antorchas como única iluminación. Las naves laterales estaban adornadas con tapices que mostraban imágenes que describían la historia de mi raza desde la traición de los Altos Elfos, en la que nuestro Rey sufrió las quemaduras de las Llamas de Asuryan, hasta nuestros días. La Sala era tan alta que la luz de las antorchas no alcanzaba a iluminar el techo, de manera que mirar hacía arriba era enfrentarse a una oscuridad insondable.
Avancé por la alfombra de terciopelo rojo que cubría el suelo de la nave central, hasta llegar a una mesa semicircular que habían colocado delante del trono. Allí se encontraban sentados el resto de Maestros de la Guardia que quedaban en la ciudad y, en frente, estaban los dos tronos. Uno de ellos, con un amplio respaldo acabado en un arco apuntado y con detalles que hacían que pareciera que estaba envuelto en llamas, era el que contenía a nuestro Rey, ataviado con su armadura de hierro negro. El otro, más pequeño, acolchado y que representaba los cuerpos de dos jóvenes doncellas entrelazados, estaba reservado a Morathi, la madre de nuestro Rey que, a pesar de su edad, pues no hay elfa más anciana, su belleza sigue siendo legendaria en todas las tierras del mundo.
Cuando llegué a la sala del Trono, allí estaban todos los Maestros, el Rey Brujo y la hermosa Morathi. Todos se me quedaron mirando cuando aparecí portando la armadura, sabían que ese puesto me pertenece por derecho y que era el más cualificado para ello.
-”Maestros de mi Guardia, como probablemente ya sabéis, mi estimado amigo y capitán de la Guardia, Kouran, falleció recientemente en nuestra guerra contra los traidores Altos Elfos”-la voz del Rey Brujo denotaba cierto hastío, como si la frase solo fuera una fórmula protocolaria y ninguna de sus palabras tuvieran el menor sentido. Además, dudaba de que realmente nuestro Rey pudiera sentir afecto hacia nadie más que él mismo y, por supuesto, su madre.
Al terminar la frase, se levantó del trono, su armadura de hierro negro no tenía un solo reflejo y, a través del yelmo, no se distinguía ni un solo destello que pudiera indicar que había ojos en su cara. Se dice que dicha armadura fue forjada directamente sobre su cuerpo quemado y que por eso nunca se le ha visto sin ella.
-”Pero esto no es un funeral”-continuó-”Que cada uno le lloré o le honre como le plazca, ese no es el orden del día, sino decidir quién será el Capitán de la Guardia, que ha quedado huérfana.”
En ese momento, fue Morathi la que habló, levantandose de tu trono con gesto altivo:
-“Queridos Maestros”- su voz era suave, como una canción de cuna que hechizaba nuestros sentidos y nos obligaba a mirarla como si nada más existiera en el mundo.-”Nuestros oráculos del templo de Khaine aseguran que nuestro Dios está muy descontento con esta pérdida. Comprende la importancia de nuestra Guardia Negra y ha decidido nombrar el mismo al sucesor de Kouran mediante una prueba”
-”¡¿Cómo!?”-me levanté de golpe, tirando la silla en la cual, momentos antes, había estado sentado.
-”Calma, Maestro Draksoul”-a pesar de mi falta de modales, la voz de mi Reina seguía sonando igual de apacible y, con solo esas tres palabras, consiguió calmar mi temperamento.- “Nadie en esta sala duda de tu capacidad, estoy segura de que no hay nadie mejor para capitanear la unidad,, pero Nuestro Dios ha hablado y no somos nadie para contradecirle.
Sin más dilación, os diré que la prueba consiste en recuperar la Portadora de Oscuridad, una legendaria espada que reposa en un templo abandonado en las montañas de Karond Kar. El templo está custodiado por Arpías, las esposas de Khaine, que se encargaran de eliminar a cualquiera que no sea el elegido de Khaine para el puesto. Podéis marchar.”
Todos los Maestros nos dispusimos a abandonar la Sala. Cuando iba a medio camino hacia la puerta, una mano se aferró a mi hombro y escuché la tenebrosa voz del Rey Brujo a mi espalda:
-”Chico, no se por qué, pero parece que Kouran te importaba bastante, por eso te digo que, según el informe de batalla, quien mató a Koura fuen Tyrion, príncipe de los Altos Elfos, peero no en un combate digno, si no por la espalda. Ya sabemos todos dónde se han dejado el honor esos bastardos de Aenarion…”.

Al girarme, vi que no había nadie a mi espalda.

Un Comentario

  1. ¡Tyrion! No es cierto, ese pj no puede ser tan cobarde como para apuñalar a alguien por la espalda…se me ocurre una trama…juju.
    Pues está curioso…es un poco cabroncete el Kouran este en el entrenamiento (weno, era, ya no RIP), supongo que la alabarda con sangre entra.
    Si está ambientado en Warhamer…¿saldrán hombres rata?XD
    Venga, a seguir actualizando^^


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